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Síndrome de hiperestimulación ovárica (SHO)

El síndrome de hiperestimulación ovárica es una respuesta excesiva del ovario a la medicación de una estimulación ovárica, en la que los folículos crecen en exceso y los niveles de estradiol se disparan. Ese exceso hormonal vuelve más permeables los vasos sanguíneos, de modo que sale líquido hacia la cavidad abdominal y aparecen hinchazón, molestias y alteraciones en el equilibrio de líquidos y sales. Se abrevia SHO. La mayoría de los casos son leves y se resuelven solos; las formas graves son poco frecuentes y hoy se previenen bien.

Por qué ocurre y quién tiene más riesgo

El desencadenante es la medicación que induce la maduración final de los folículos, sobre todo cuando se usa gonadotropina coriónica humana (hCG) en un ovario que ya ha respondido mucho. Esa hormona mantiene activo el estímulo durante días, y ahí es donde se acumula el líquido.

Tienen más riesgo:

  • Mujeres con síndrome de ovario poliquístico, por la misma razón.
  • Mujeres jóvenes y delgadas, en quienes el ovario suele responder con más intensidad.
  • Quien ya lo tuvo en un ciclo anterior.

El riesgo se estima antes de empezar, y es lo que decide la dosis inicial. Un ovario que se prevé muy respondedor se estimula con menos medicación desde el primer día, no se corrige sobre la marcha.

Síntomas: qué es esperable y qué no

Aquí está la confusión más habitual. Una estimulación ovárica normal ya produce molestias: hinchazón abdominal, pesadez, sensibilidad mamaria y algo de retención de líquidos en los últimos días. Los ovarios han crecido, y eso se nota.

El síndrome empieza cuando esas molestias, en lugar de estabilizarse tras la punción, van a más:

  • Hinchazón abdominal que aumenta día a día en lugar de ceder.
  • Ganancia de peso rápida en pocos días.
  • Náuseas o vómitos.
  • Orinar bastante menos de lo habitual.
  • Sensación de falta de aire, sobre todo al tumbarse.

La diferencia práctica no está en el síntoma, sino en la dirección: lo esperable mejora, el síndrome empeora.

Grados: leve, moderado y grave

La inmensa mayoría de los casos son leves. Las formas graves afectan a una proporción pequeña de los ciclos, y con los protocolos actuales cada vez menor.

  • Leve. Hinchazón, molestia abdominal y algo de aumento de peso. Se maneja en casa con hidratación, dieta con menos sal, reposo relativo y control telefónico. Se resuelve solo.
  • Moderado. A lo anterior se suman náuseas, vómitos y acumulación de líquido en el abdomen visible por ecografía. Requiere control clínico más estrecho y a veces analíticas seriadas.
  • Grave. Poco frecuente. Hay líquido abdominal abundante, reducción importante de la orina, alteraciones analíticas y riesgo de complicaciones vasculares. Requiere ingreso hospitalario.

Cuándo llamarnos

No hace falta esperar a estar segura de nada. Llamadnos el mismo día si aparece cualquiera de estas señales, que son observables y no dependen de interpretar un dolor:

  • El abdomen crece de un día para otro y la ropa deja de cerrar.
  • Ganáis dos kilos o más en dos o tres días.
  • Orináis mucho menos de lo normal, con orina oscura.
  • Cuesta respirar al tumbarse o hay que dormir incorporada.
  • Vómitos repetidos que impiden beber.
  • Dolor abdominal que va aumentando en lugar de ceder.

La primera llamada es a la clínica, que es quien conoce vuestro ciclo y puede citaros para una ecografía el mismo día. Acudid directamente a urgencias si hay dificultad para respirar en reposo, dolor intenso y brusco, o si no conseguís contactar.

Qué hacer en casa cuando es leve

La forma leve se maneja fuera del hospital, y las dudas prácticas se repiten:

  • Beber según sed, sin forzar cantidades enormes de agua sola. Las bebidas con sales ayudan a que el líquido se quede donde tiene que estar, y por eso se recomiendan bebidas isotónicas. No es un remedio, es una medida de soporte.
  • Comidas con proteína y menos sal. La sal favorece la retención.
  • Pesarse cada mañana, en las mismas condiciones. Es la señal más fiable y la más fácil de seguir: lo que importa no es el peso, es cuánto sube en cuántos días.
  • Reposo relativo, no cama. Caminar suave favorece la circulación; el reposo absoluto no está indicado salvo que se prescriba.
  • Evitar el ejercicio de impacto y los movimientos bruscos, porque con los ovarios aumentados existe riesgo de torsión.
  • Nada de antiinflamatorios por cuenta propia. Pueden interferir con la función renal justo cuando más se necesita, así que cualquier analgésico se consulta antes.

Ninguna de estas medidas cura el cuadro: lo que hacen es acompañarlo mientras se resuelve solo y facilitar que detectéis a tiempo si deja de ir a mejor.

Cuánto dura: precoz y tardío

La duración depende de cuál de los dos tipos aparezca, y esa distinción se explica poco:

  • Precoz. Aparece en los tres a siete días siguientes a la punción y lo desencadena la medicación de maduración. Suele resolverse en una o dos semanas, cuando baja la regla y los niveles hormonales se normalizan.
  • Tardío. Aparece más allá de la primera semana y lo desencadena la hCG del propio embarazo si ha habido implantación. Es menos frecuente pero tiende a durar más y a ser más intenso, porque el estímulo hormonal no desaparece: crece.

El evento de referencia, por tanto, no es el mismo: en el precoz se cuenta desde la punción, en el tardío desde la implantación.

Cómo se previene

La prevención es el diseño del ciclo, no una reacción tardía. Las palancas disponibles:

  • Ajustar la dosis desde el inicio según la reserva ovárica estimada. Es la medida más eficaz y la más temprana.
  • Protocolo con antagonista, que permite cambiar la medicación de maduración final si la respuesta se dispara.
  • Disparo con agonista de GnRH en lugar de hCG cuando hay riesgo. Reduce mucho la probabilidad de que aparezca la forma grave.
  • Cabergolina, un fármaco que disminuye la permeabilidad vascular y con ella la salida de líquido.
  • Coasting, que consiste en suspender unos días las gonadotropinas manteniendo el bloqueo, para que bajen los niveles antes de la maduración final.
  • Vitrificar todos los embriones en lugar de transferir en fresco.

Esta última merece detenerse. Cuando existe riesgo de hiperestimulación no se transfieren embriones en fresco: se vitrifican todos, se deja que baje la regla y que los niveles hormonales se normalicen, y se transfiere en un ciclo posterior. Evita el escenario peor, que es sumar la hCG del embarazo a un ovario ya sobreestimulado, y hoy no penaliza los resultados. Es la razón por la que a veces se cancela una transferencia que parecía lista.

Preguntas frecuentes sobre el síndrome de hiperestimulación ovárica

El precoz suele resolverse en una o dos semanas, cuando baja la regla. El tardío, ligado a la hCG del embarazo, dura más porque el estímulo hormonal continúa mientras la gestación avanza.

No al cien por cien, pero el riesgo se reduce mucho ajustando la dosis desde el inicio, eligiendo el disparo con agonista, usando cabergolina cuando procede y vitrificando los embriones en lugar de transferir en fresco.

El embarazo puede evolucionar con normalidad. Lo que sí ocurre es que la hCG de la gestación puede prolongar o intensificar el cuadro, y por eso ante riesgo alto se prefiere transferir en un ciclo posterior.

Porque transferir en fresco añadiría la hCG del embarazo al estímulo que ya existe. Vitrificar los embriones y transferirlos más adelante evita esa suma sin renunciar a ninguno.

No. La forma precoz aparece en los primeros días tras la punción, pero muchos ciclos cursan solo con las molestias normales de la estimulación, que ceden solas.

Sí. La ecografía muestra el tamaño de los ovarios y la presencia de líquido en el abdomen, que es lo que permite clasificar el grado y decidir el manejo.